La globalización produce ganadores y perdedores — a nivel mundial y dentro de cada país. Los más beneficiados han sido las élites globales y las clases medias emergentes de China e India (cientos de millones salieron de la pobreza). Los más perjudicados han sido las clases trabajadoras de los países desarrollados y los campesinos de los países en desarrollo.
En México, la globalización tiene cara de maquiladora en Tijuana y de milpa abandonada en Oaxaca. El norte se industrializó; el sur quedó rezagado. Las exportaciones se multiplicaron; el campo se vació. La clase media creció; la desigualdad también creció.
Positivas: el comercio mundial creció de 4 billones a 23 billones de dólares (1990-2020). La pobreza extrema cayó del 36% al 10% de la población mundial (1990-2015). Acceso a productos más baratos.
Negativas: el 1% más rico concentra más riqueza que el 50% más pobre. Las crisis financieras se propagan globalmente (2008: la crisis de EUA devastó a México en semanas).
La globalización amenaza la diversidad cultural: el 50% de las lenguas del mundo desaparecerán en este siglo. El inglés domina el comercio y la tecnología. La cultura pop anglosajona (Hollywood, Netflix, música) domina globalmente. Pero hay resistencia: el EZLN usó internet para organizarse. La comida mexicana, la música latina y el anime japonés se difunden globalmente — la globalización va en los dos sentidos.
La globalización aceleró el cambio climático. Las cadenas de suministro globales implican millones de toneladas cruzando el Pacífico en barcos de combustible fósil. La industria se desplazó a países con regulaciones ambientales más laxas. La deforestación se aceleró para producir commodities de exportación. La respuesta: los Acuerdos de París (2015) — globalización usada para resolver problemas de la globalización.